



Esta zona de Extremadura suele ser la etapa final en la migración anual de las grullas que vienen del norte de Europa. Muchos curiosos acuden al reclamo del extraordinario espectáculo que ofrecen estas aves al volar en bandadas con su peculiar formación y su peculiar graznido; pero también para verlas caminar en pequeños o grandes grupos por los campos, verlas levantar el vuelo y verlas posarse. Todo es armonía y elegancia en estas aves. Las grullas se mueven aquí en una extensión de terreno muy amplia que va desde Logrosan, en la sierra de las Villuercas, hasta el pantano de Orellana, más al sur, en pleno río Guadiana, donde tienen sus dormideros. Durante el día se las puede ver a distancia, en grupos, dispersas por las charcas de los arrozales y en las dehesas; son muy esquivas y a la menor cercanía emprenden el vuelo.











